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NALGADAS (Spank)

Las nalgas de una mujer, son y siempre serán el punto de convergencia de la mirada indiscreta de muchos hombres, y no se generaliza todos los hombres, porque la enorme cantidad de posibilidades impide hacerlo (hombre – hombre; mujer – mujer; mujer – perro; hombre – cabra, ...)
Claro, que las mujeres poseen otras cualidades que las enaltece y las eleva hasta el trono del Olimpo mismo, para ser adoradas y alabadas por el hombre; De hecho existen los que observan primero una dulce mirada ó caen presos de una cálida sonrisa. Sin embargo, pareciera ser que la cualidad que se impone sobre el resto de sus atributos, son las nalgas, y es que la variedad es tan extensa en tamaños, formas y contexturas, que es absolutamente justificada la preocupación de algunos hombres por ellas.

   

“Porque será que despierta los deseos más oscuros y perversos de quienes andamos por éste largo camino, porque el deseo incontenible de azotarlas cuando en verdad, tan buenos pensamientos nos transmiten; La razón es tan sencilla, como así tambien compleja; El verdadero Amor, mora en las curvas de un bello cuerpo, como en las manos de su amante recorriéndolo en silencio, vive en los complementos y para consumar ese amor, es que debemos hacerlo”.

Dentro del BDSM, quedan comprendidas muchas prácticas, las nalgadas (spanking), es una de ellas, tal como su nombre lo indica, es la técnica empleada por un Amo, para infligir dolor en las nalgas a su esclavo; Dependiendo de la forma en que la pareja viva ésta actividad, la punición será para modificar una conducta concreta del sumiso, en base a un contrato previamente pactado ó simplemente para satisfacer las necesidades sexuales de ambos individuos, siempre que los instintos estén guiados por los cánones del consenso y la cordura.
El castigo, concretamente, consiste en la experimentación de dolor del sumiso, a través de la implementación de azotes en las nalgas, proporcionados éstos, por las manos de quien oficia de amo y con el único objetivo de causar en ambos, la extraña pero a la vez inverosímil sensación de placer que otorga ésta situación. Hay quienes prefieren ver la azotaina como la consecuencia irreversible de una falta que el esclavo ó la esclava han cometido, y con el propósito de lograr la endereza del mismo. Siendo así, dicho castigo será consumado después de una reprimenda del amo hacia el rebelde sumiso, en la que le explicará los motivos del castigo, el tiempo de duración ó simplemente la cantidad de nalgadas a recibir en función del error cometido. Sin perjuicio de quienes comparten éstas ideas y en virtud de la diversidad de opiniones sugeridas por quienes estudian profundamente éstas tendencias, quien escribe ésta nota, se limita a ver el castigo como un hecho en que se complementan dos necesidades bien definidas, por un lado la de ejercer dominio y causar dolor físico y por el otro la de sentirse privado de elección y sometido a un castigo controlado, sin más preámbulo ó actuación, que la de los hechos concretos y sin mayor mediación que la de los límites impuestos por la sensatez y el consenso de las partes.

 

En esencia, una sesión normal de nalgadas, concluirá al largo rato de haber comenzado, dejando como consecuencia lógica, las nalgas del subyugado suficientemente rojas y tibias por un rato. Por lo general, durante la sesión y a medida que transcurren los minutos, los golpes adquieren mayor intensidad y la frecuencia con la que se aplican disminuye; puede que el sometido, ante ésta situación, intente esquivarlos ó comience a quejarse con mayor ímpetu, sin por ello utilizar la palabra secreta que lo libera de su sufrimiento; Esta actitud, solo hará que el juego se torne más placentero para ambos.
 
Por momentos suele ser muy excitante intercalar golpes suaves y fuertes ó simplemente esperar unos momentos entre uno y otro, y así causar en quien los recibe, la incertidumbre de no saber cuando recibirá otro. El proceso concluye cuando la situación alcanza el límite superado por el esclavo, quien evidentemente interrumpe la actividad, utilizando la llave que lo redime de la furia de su amante verdugo.
Las nalgadas constituyen el castigo más elemental en una relación sadomasoquista, sin por ello reconocer que puede ser incluso más severa que cualquier otro castigo, por éste motivo, antes de practicarlas es conveniente conocer cuales son las zonas en las que se puede azotar con mayor intensidad y por más tiempo y cuales requieren de un especial cuidado.
Abundan los métodos de castigos corporales basados en azotes en las nalgas u otras partes del cuerpo, no solo el tradicional nalgueo es utilizado por el entorno BDSM, también, se puede encontrar otros elementos, que al objeto de un castigo, resultan muy tentadores.
El cinturón, la fusta, la correa o cualquier otro instrumento de cuero similar pueden ser utilizados para infligir dolor; Aunque blando y liviano, el cuero responde en éste contexto, a un castigo riguroso, aunque no lo suficiente, como para quebrar los límites de un confeso esclavo tipo. El sonido que produce el cuero al rozar el aire, sumado al estallido del impacto sobre la indefensa piel de su objetivo, se traduce en una exótica melodía para los oídos de quienes se atreven a experimentar con él, una noche de morbo y placer, la misma puede llegar a ser incluso, más sensual y más intensa que la excitación y el dolor mismo.

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